El cuento de la Montaña Sagrada

El cuento de la Montaña Sagrada

A la hermana Maritza Shrur

Había una vez un pueblo muy lindo, se formó en el regazo de una montaña, su gente vivía feliz, era muy trabajadora y se dedicaba a la agricultura, porque la tierra era muy fértil y estaba regada por muchos ríos y quebradas, había potreros y repastos, donde pastaban vacas que producían leche, queso, natilla y terneros.

Los niños y jóvenes iban a la escuela, el colegio y la universidad para aprender, cumplir sus sueños y ayudar para que el mundo fuera cada día mejor para todos.

Allá arriba estaba siempre la montaña, grandota, poderosa, como un gigante que cuidaba a todos, de cerca era de color verde y de lejos se miraba color azul, por encima de ella se asomaba el sol por las mañanas y se llenaba todo el paisaje de luz dorada.

Una montaña es muy importante por varias razones: es la casa donde viven muchos animales, plantas, insectos, aves, mariposas, ranas y un montón de especies más de flora y fauna.

La montaña atrapa el agua de la lluvia y de las nubes que pegan en ella, esa agua moja los árboles del bosque y los usa como un tobogán para bajar por las ramas pequeñas, luego por ramas grandes, troncos y finalmente caer al suelo que está lleno de hojas. Esas hojas en el piso de la montaña son como una esponja que absorbe el agua, la filtra en la tierra y allá, montaña abajo, brota el agua pura en nacientes que discurren como arroyos, se convierten en quebradas y luego en ríos. Estos ríos forman pozas, cataratas, tienen peces, y bajan a las llanuras, riegan fincas de ganado y cultivos, y algunos de ellos son navegables.

Muchos de los nacientes son aprovechados para tomar el agua, llevarla por un tubo a tanques grandes de donde sale para nuestras casas donde la usamos para bañarnos, cocinar, lavarnos los dientes y un montón de cosas más.

La montaña también nos da el agua para producir energía eléctrica al aprovechar su fuerza que mueve las turbinas y después regresa a los ríos sin ninguna contaminación. Los bosques de las montañas también purifican el aire que respiramos

La montaña nos regala un paisaje hermoso para disfrutarlo y hasta convertirlo en una pintura.

Pues bien, la gente de aquel pueblo seguía viviendo muy contenta por todos los beneficios que recibían de su montaña, pero un día… eso cambió, alguien se informó que los trabajadores de una empresa extranjera empezarían a cortar los árboles de la montaña y remover su suelo para sacar minerales lo que significaría la destrucción de la querida montaña.

Esa mala noticia corrió de boca en boca por las casas, las escuelas y los colegios. Había una gran preocupación porque querían destruir la montaña.

Los habitantes del pueblo de esta historia no se quedaron de brazos cruzados ante semejante amenaza, entonces apareció una mujer valiente y decidida que guió a un grupo de jóvenes quienes organizaron la defensa de la montaña.

Dado que era la casa de tantos animales y ahí nacía mucha agua que es fuente de vida, un sacerdote, mirando hacia ella, dijo: “Esa montaña es sagrada, hay que defenderla” entonces toda la gente denunció y salió a la calle a protestar contra aquellos que querían destruir la montaña sagrada.

Les voy a contar lo más lindo de esta historia, quienes más defendieron esa montaña sagrada, fueron los estudiantes de escuelas y colegios.

Los defensores de la naturaleza ganaron la lucha, luchaban por la vida y lograron que su montaña sagrada fuera declarada Parque Nacional. Ahora son muchas las personas que viven en ese pueblo y en unas 200 comunidades vecinas que también toman agua de la que nace en la montaña y para que nadie pueda venir a destruirla aportan dinero para comprar las tierras del Parque Nacional y proteger para siempre sus recursos naturales.

Debemos agradecer siempre a aquellos hombres y mujeres que no dudaron en defender con mucho valor, inteligencia, decisión y la ayuda de Dios, esa montaña.

Y a todos los que lean o escuchen esta historia se les invita a hacer homenaje a aquellos que un día defendieron esa montaña con todas sus fuerzas, que ¿Cómo lo pueden hacer? Participando y colaborando con las actividades para proteger el Parque Nacional del Agua Juan Castro Blanco, de manera que esta historia siempre tenga un final feliz.

Daniel Alvarado Murillo.

Responsabilidad
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